Después de un segundo invierno consecutivo sin lluvia, en primavera la viña empezó muy lentamente, mostrando cansancio, como si las plantas no se hubieran recuperado del calor del 2011 y con pocos recursos para desarrollar una nueva masa foliar. Los brotes eran finos y la masa foliar escasa. En junio la floración se desarrolló de manera uniforme pero lentamente. Se hizo patente que las plantas querían contener su energía a medida que se sucedían todas las etapas de desarrollo; hecho que evitó el nerviosismo y el bloqueo. El envero de las uvas transcurrió de manera uniforme y muy lentamente, e incluso el calor de agosto no pudo infligir suficiente estrés en las plantas para bloquear la maduración, que se hizo evidente a finales de septiembre, cuando las pruebas mostraron que aunque los azúcares fueron inusualmente bajos, la acidez había ido bajando rápida y continuamente. El mínimo esfuerzo por parte de las cepas en una última instancia provocó que la maduración continuara ininterrumpidamente hasta mediados y final de octubre.
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