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La mejor añada en los veinticuatro años de idilio en Priorat.

El año 2012 ha sido el más seco de nuestra historia en la región.

Si comparamos la pluviometría de los tres últimos años desde enero hasta final de agosto, observamos que la lluvia caída en 2012 ha supuesto una tercera parte de la acumulada en un año normal: apenas 135 litros. Por otra parte, el invierno, siguiendo la tónica de los cuatro últimos años, ha sido en extremo seco: sólo 6,8 litros entre noviembre de 2011 y principio de marzo de 2012. Así, puede decirse que el único soporte hídrico de esta añada fueron las lluvias registradas entre marzo y abril: 121 litros. Lo que vino después fue un periodo de sequía sin precedentes: mayo, 9 litros; junio, 8; julio, 13, y ninguno en agosto. En cambio, en septiembre bastaron dos días de precipitaciones para alcanzar 48 litros.

El porqué de esta añada extraordinaria en concentración y expresión aromáticas reside, a nuestro juicio, en la suma de días y meses faltos de lluvia durante el ciclo de la vegetación de la vid.

En los viñedos más cálidos la brotación comenzó el 2 de abril, inmersa en las típicas lluvias de primavera tras un invierno de intensa sequía. La floración fue perfecta en la variedad garnacha, con un cuajado al cien por cien, inhabitual para los clones antiguos de esta variedad. A continuación el granado se fue desarrollando lentamente y sin exuberancia debido al escaso soporte hídrico —sólo 17 litros entre mayo y junio—.

El envero, que empieza a mediados de julio, supone un esfuerzo extraordinario para la planta, y es cuando esta más necesita de la lluvia; pues bien, en todo el mes apenas cayeron 13 litros. Y en agosto ni una nube.

Si a todo esto le acompaña un final de primavera de mayo a junio con máximas de 36,7 ºC y 39,1 ºC, respectivamente, y un agosto con máximas de 40 ºC, se entiende que el esfuerzo de la planta sea infinitamente mayor y que los racimos y las bayas de la uva no experimenten crecimiento alguno.

Así pues, una vez más las variedades autóctonas garnacha y samsó han reivindicado su estatus temperamental en el Mediterráneo asimilando la sequía y el calor y preservando su vegetación y fotosíntesis, presumiendo a la vez de entereza y frescura en su justa masa foliar.

Toda esa gran cantidad de pequeños racimos llegaron al final de su madurez fenólica disfrutando de un septiembre y un octubre (mes en que recolectamos la mayoría de nuestra cosecha) muy frescos y con sorprendentes lluvias. Estas lluvias atemperaron el ambiente y lavaron el fruto hasta casi purificarlo, sin que este apenas bebiera después de cerrar sus vasos por lignificación y agostamiento de la estructura vegetal del sarmiento y el raspón.

Desde 1989 esta será la mejor añada. De peso y consistencia que despiertan un interés impulsivo por disfrutar inmediatamente de sus voluptuosos y vibrantes encantos. Un vino con larga vida, que nos hará gozar en el tiempo de la indescriptible y singular confluencia entre naturaleza y tradición, tan ocasional en la historia.

2012: un año nacido para la gloria y para llenar nuestros días de delicia, placer y la emoción de los bellos misterios. Estimulante y espiritual, fluye caudaloso y rico en detalles tocados de magia. ¡Un año colmado de ilusión!