por el periodista Juan Postigo.
Trébol es una pequeña cría de perro podenco-grifón que ha venido al mundo en el municipio vallisoletano de Laguna de Duero con este especial pelaje verde fosforito.
Habla la cultura china del verde como uno de los colores de la suerte, una muestra de la riqueza que puede llegar a mostrar un elemento con una apariencia tan peculiar. Pues bien, el pequeño Trébol, una cría de perro podenco-grifón que vino al mundo el pasado 3 de junio en la pequeña localidad vallisoletana de Laguna de Duero, puede considerarse el animal más afortunado que pisa ahora mismo la faz de la tierra. No se trata de un can cualquiera. Sus primeros lloros al nacer los realizó ante la sorprendida mirada de sus dueños al comprobar que era un perro verde.
Casualidad que el destino eligiera la provincia de Valladolid, donde también situamos el vino de Rueda ‘El perro verde’, para tan curioso acontecimiento. La historia de este particular suceso se remonta precisamente a la química y la biología, factor fundamental también para la elaboración del vino. La biliverdina que absorbió Trébol en la placenta de su madre provocó que naciera con tan exclusivo pelaje. Ese es precisamente otro de los puntos de su suerte.
A fin de cuentas, se trata de un hecho insólito en España. ¿Quién no aspira en su vida a destacar sobre los demás? Trébol, con ese color tan característico, no es un cualquiera. Bien lo saben sus propietarios, Manuel y Aída Vallelado, quienes residen en una pequeña casita de Laguna de Duero, donde cuidan a todos estos pequeños animales.
La vida de estos dos criadores de animales busca la sencillez. Acostumbrados a un estilo de vida humilde y cercano con la gente del pueblo, Aída reconoce haberse sentido abrumada con todo el revuelo que ha causado el nacimiento del podenco-grifón. Por si fuera poco ajetreo el que tiene estos días en sus labores de cría de perros y el nacimiento de estos, casualidades de la vida, nos recibe también embarazada.
“Cuando vi que había salido verde, me quedé alucinada”, nos explica todavía sorprendida por el insólito hecho. “Al principio haces la broma diciendo que si es un marciano y te ríes, ya después te das cuenta de que no es algo que se vea todos los días”, continúa. Queda claro, el perro verde es algo muy especial para ellos.
De esta manera Valladolid ya puede presumir de tener dos perros de este color, uno en el sentido literal y el otro con un vino que se caracteriza por ser fresco y vibrante. Cada uno genial en lo suyo. Podían haber sido tres, pero el hermano de Trébol –ambos verdes en una camada de cinco- no tuvo la fortuna de sobrevivir tras nacer tan débiles.
“Poco a poco se va recuperando y se va poniendo más grande y más fuerte, como el resto de la camada, porque ahora mismo no es como los demás”, asegura Aída. Ya se sabe, a veces no ser como el resto se hace cuesta arriba, aunque el esfuerzo acabe mereciendo la pena. En todo caso, la propietaria lo tiene claro; Trébol es el más especial de los animales con los que ha tratado nunca en su rehala, donde ahora descansa la ‘madre’ Micaela en una pequeña cama junto al sol en el patio.
Con el paso de los días, la pequeña cría va perdiendo el color verde de su pelaje, lo que en poco tiempo hará que sea como sus hermanos. Pero no por ello dejará de ser único. Siempre será el primer perro que tuvo la fortuna de nacer verde.
*Fotografías de Aída Vallelado

