Por Fernando Gurucharri
En estos últimos años, estamos siendo testigos del auge que están alcanzando los concursos de vinos, no sólo como certámenes enfocados al reconocimiento de los vinos de calidad, sino que se están revelando como una más que eficaz herramienta para los consumidores a la hora de elegir un vino, a veces desconocido, de aquellas bodegas que resultan con algún vino premiado.
Y como herramienta de promoción en vinos de reconocida calidad (sabemos que no es la única, también tenemos la prensa, revistas, guías elaboradas por uno o varios autores, critica, etc.), su utilidad va a depender de la independencia y seriedad que tenga el autor, editor u organizador. Ese va a ser el quid del éxito, y por tanto la razón de que el consumidor se apoye en uno u otro a la hora de efectuar su elección.
La finalidad de un concurso es clara y bien definida, pero el problema viene al enfrentarnos a un amplio listado de vinos premiados en tal o cual concurso, es ahí cuando nos siguen asaltando las mismas dudas: ¿Qué rigor poseen los concursos donde se han obtenido estos galardones?, ¿qué fiabilidad tienen estos premios?, ¿qué credibilidad y seriedad nos sugieren los organizadores de los concursos? De la respuesta de estas y otras muchas preguntas sabremos qué concursos son serios y fiables y del mismo modo los premios en ellos obtenidos, y cuáles no.
El rigor, la seriedad y objetividad de un concurso viene normalizado por distintos estamentos oficiales.
En los concursos de vinos de ámbito internacional las normas para su organización vienen dadas por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), una organización intergubernamental que ya creó un reglamento en 1975 por el que se regía la organización de los concursos. Esta norma, modificada por la 74 Asamblea General de 10 de junio de 1994 y en constante renovación, considera todos los aspectos técnicos relativos a la organización y realización de un concurso de vinos, tales como las diferentes categorías en las que se clasifican los vinos inscritos al concurso; el control y la clasificación de las muestras, la composición de los jurados, condiciones materiales (luz, temperatura de la sala, temperatura de servicio de los vinos, etc..), el uso de una ficha de cata normalizada, el procesado de datos y atribución de galardones, y el velar por el anonimato de los participantes (obviamente, sólo se conocerán los vinos que han obtenido alguna recompensa).
En la actualidad los concursos internacionales de mayor prestigio no sólo cumplen la normativa OIV, sino también la de la Federación Mundial de Grandes Concursos Internacionales de Vinos y Espirituosos (VINOFED), donde encontramos la mayoría de los concursos mejores técnicamente, mas serios en su ejecución y fiables en sus resultados, de los celebrados en todo el mundo.

Los concursos nacionales vienen regidos por el Real Decreto 1679/1999 de 29 de octubre sobre concursos oficiales y concursos oficialmente reconocidos de vinos. Esta normativa establece que para que las distinciones concedidas en un concurso se puedan consignar en el etiquetado de los vinos, éste debe tratarse de un concurso reconocido por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que a tal efecto dicta anualmente una Orden Ministerial con los concursos reconocidos y sus correspondientes reglamentos.
Además de todos los requisitos y aprobaciones de un concurso por organismos oficiales, que ya de por sí son una garantía de fiabilidad, existen otros aspectos que ayudan de forma efectiva a la seriedad y honestidad del concurso, y entre ellas cabría resaltar de forma muy importante el panel de cata.
El panel de cata debe ejercer su juicio sobre los vinos de forma totalmente imparcial y para ello la cata se realiza a ciegas. Este panel se compone de diferentes jurados en cantidad variable en función del número de vinos inscritos al concurso, teniendo en cuenta que cada jurado cata un máximo de 45 vinos por jornada de cata, cantidad que se considera suficiente para que el catador no sufra cansancio y relaje el nivel de exigencia necesario. En los concursos internacionales OIV cada jurado se compone de 5 catadores (aunque pueden llegar a ser 9), de los que el 60% deben de ser procedentes de países diferentes al organizador. Esta medida va encaminada a evitar que un número elevado de catadores locales pueda favorecer a los vinos de su país, que normalmente resulta el bloque principal de los vinos participantes cuando el concurso se celebra en un país productor. Con ello el juicio del jurado se emite desde un “gusto de mercado” más amplio. Además, personalmente creo que un buen panel de cata debe ser un fiel reflejo de los diferentes sectores del mundo del vino: enólogos, Masters of Wine, Masters of Sommeliers, sumilleres, distribuidores, importadores, periodistas especializados y por supuesto entusiastas del vino, pues todos tienen algo que aportar y su resultado será a todas luces enriquecedor.
La seriedad del organizador es un aspecto fundamental de todo concurso, ya que es el encargado de vigilar el estricto cumplimiento de la normativa antes citada, y por lo tanto deben ofrecer garantías de imparcialidad, independencia y confidencialidad en su actuación. Además, velará por el anonimato de los participantes durante todo este proceso, e incluso más allá de la finalización del concurso, ya que de éste sólo se conoce a aquellos participantes que han obtenido algún galardón.
Por tanto, la credibilidad de los premios viene básicamente refrendada por la credibilidad del propio concurso. Es necesario, para valorar los premios en su justa medida, tener en cuenta diversos aspectos de los concursos. El primero y más importante es que ningún vino que gane el gran premio de un jurado se puede considerar como el mejor vino del mundo, por la sencilla razón de que no participan todos los vinos del mundo, pero lo que sí podemos asegurar es que son los mejores de los participantes y que cumplen unos estándares exigentes de calidad. En cualquier caso la finalidad de un concurso no es su faceta competitiva sino la de ensalzar la calidad de los vinos mejor puntuados. En los concursos internacionales OIV el número máximo de premios que se pueden otorgar en un concurso está limitado a un 30% de la participación, siempre y cuando alcancen la puntuación mínima. Un aspecto importante, y que no debemos olvidar, es el carácter descubridor de los concursos, siempre de buenos vinos y que en la mayoría de las ocasiones terminan por alcanzar el beneplácito de la crítica y del consumidor.

A pesar de los “peros” que en un momento dado se le puedan poner a un concurso, como que sólo se juzgan los vinos inscritos previo pago de una cuota, que sean catados a ciegas, etc…, la realidad nos demuestra que un concurso serio e independiente, no dará premios a vinos mediocres. Es cierto que en alguna ocasión podría ocurrir que un buen vino se quede sin premio o no reciba el que merece, pero los que han recibido estas recompensas son igualmente vinos de calidad, pues la labor de los jurados impide el acceso a vinos mediocres o defectuosos.
Esta es la auténtica garantía que ofrece al consumidor un premio obtenido en un concurso. Como hemos visto son vinos que por su calidad han superado catas que se realizan con la mayor de las asepsias posibles, con estrictas normas que garantizan el anonimato de las muestras inscritas, con catas ciegas, jurados expertos, homogéneos e imparciales y todo un complejo entramado de normas creadas para evitar cualquier influencia ajena a los objetivos del propio concurso y así poder ofrecer al consumidor las mayores garantías de objetividad.
En todo ello radica el auténtico valor de un concurso. En todo ello trabajamos en la Unión Española de Catadores para conseguirlo.
Fernando Gurucharri
Licenciado en Ciencias Biológicas y Diplomado Superior en Enología y Viticultura, Fernando Gurucharri es el presidente de la Unión Española de Catadores, entidad sin ánimo de lucro que, desde 1985, se dedica a la promoción de la cultura y el conocimiento del vino y los alimentos. Actualmente, también es director del Comité de Cata de la revista Planetavino y colaborador de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Asimismo, es una cara conocido como jurado en diversos concursos internacionales de vino como el de Cata por Parejas de Vila Viniteca, Citadelles de Francia, Catad’Or de Chile, Vinandino de Argentina, Vinitali de Italia y Mundus Vini de Alemania. Profesor de analisis sensorial del IFE (Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid), en el curso de Comercialización de vinos y de Sumilleres; del curso de Sumilleres de la Cámara de Navegación, Comercio e Industria de Alicante; del master en Sumillería del BCC, así como de cursos organizados por otras entidades publicas y privadas.