Por Sara Pérez
Es un hecho innegable que los vinos de nuestro tiempo, los vinos actuales, modernos, los vinos del momento, han cambiado.
Alrededor del mundo observamos un giro en la intención de los productores (y que podemos constatar en la expresión de los vinos) que ya han conseguido suficiente masa crítica para hablar de una nueva tendencia que se está poniendo de moda entre los sommeliers y consumidores.
La parte más visible de la nueva tendencia, el Cómo, es el “Efecto Morgon”.
En los últimos tiempos, nuestro vocabulario de vino ha cambiado también, y es que para describir los vinos que hacemos y/o nos bebemos hemos ido incorporando palabras como fresco, natural, fruta, salvaje, manzana, bebible, autóctono, acidez… Mientras que otros vocablos que habíamos utilizado de manera considerable como estructura, madurez, tanino, polifenoles, color, barrica nueva, envejecimiento, tipicidad… han caído prácticamente en desuso entre gran parte de la generación que lidera el cambio.
Esta nueva tendencia, que es ya una realidad, un movimiento transversal potente, encuentra adeptos en la desilusión y el cansancio del movimiento originado en los años 80. Pero a veces parece estar más basada en el Cómo que en el Qué.
En el Priorat (y posiblemente en otras zonas vinícolas también…) tenemos un gran reto:
¿¿Dónde ubicamos la nueva tendencia??
Es la primera vez (en los últimos 200 años en el Priorat) que una generación no se agota. Es la primera vez que la nueva generación no resurge de las cenizas de la anterior…
¿Desde dónde se afirma, pues, este movimiento de cambio?
Tenemos que decidir si matamos al padre afirmándonos contra la generación anterior o si proclamamos que Dios ha muerto y no permitimos que nadie ni ninguna corriente decida qué está bien y qué no. Estos son los dos espacios posibles para ubicar el movimiento de cambio.
Somos una generación trasgresoramente reflexiva y reflexivamente trasgresora.
Más allá de la superficialidad que destila en muchos momentos esta nueva tendencia, la revuelta prima, banal y superflua, de la simplificación de un vino, de una idea en un par de hashtags, más allá del reduccionismo imperante del discurso en 46 caracteres…
Más allá de todo esto… Somos la primera generación, en muchos años, que dejaremos la tierra más fértil de lo que la recibimos, una generación que continua con los vinos tintos y recupera los blancos, los rosados, los dulces… Una generación con una inmensa capacidad de recibir y de dar, de escuchar y de compartir.
Una generación con una búsqueda comuna más allá del Cómo: la búsqueda de la expresión del terruño. El Qué.
Una búsqueda no etiquetable, irreductible y trascendente.
Los 3 ejes de una revolución. Y de una pasión.
Soy hija de mi época, éste es mi siglo y mi generación. Yo he decidido mi camino: ¡Dios ha muerto!
Empieza un siglo donde todos los vinos son expresiones de libertad.
Y si no fuera así, siempre me quedará Antígona. La contrarrevolución.

Sara Pérez
Me cuesta explicar mi trayectoria profesional en el mundo del vino desligado de mi familia, de mi formación y de mi conocimiento personal y me cuesta porque no sigue un camino recto, previamente trazado, sino más bien se va bifurcando mil veces hundiéndose como una raíz en diferentes disciplinas. Mi incursión en el mundo del vino empieza con la aventura familiar de trasladarnos a vivir al Priorat, y con una mirada infantil de estar allí para plantar, para regar, para tropezarme, para caer, para levantarme, y para preguntarme mil veces que hacía yo allí entre piedras… Con mirada adolescente hice la primera vendimia de los Clos en el año 89… Y después de diferentes vueltas a la vida, con 24 años decidí iniciar lo que sería la gran historia de mi vida. Corría el año 1996 y empezaba en el mundo del vino de la mano de mi padre. En el año 2000 inicio el camino sin retorno de la agricultura ecológica junto con René, y nos damos cuenta que nuestra vida entera toma sentido cuando revaloramos las variedades autóctonas… Mas Martinet, Cims de Porrera, Hereus de Ribas, Vall Llach, Celler del Roure, Mustiguillo, Venus La Universal, La vinya del vuit, Partida Bellvisos, Dominio do Bibei…. los proyectos que me han dado la vida. Priorat, Binissalem, València, Utiel Requena, Montsant, Ribeira Sacra… Les zonas vitícolas donde he aprendido… Garnatxa, Carinyena, Gargollassa, Mandó, Bobal, Garnatxa peluda, Mencía, Caíño, Sousón….. Las diferentes expresiones de la libertad… Y desde la distancia que ara el tiempo me otorga, descubro y redescubro aquello que aprendí en todos mis estudios, en todos mis viajes, de todas las conversaciones, los intercambios, las catas, las discusiones, los paseos… Y me sorprendo descubriendo que estudiar filosofía me permitió la posibilidad de entender que en la búsqueda está el camino, y que ambos surgen de la profundidad del ser humano… Y que de este lugar tan remoto, nacen todos mis vinos.