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Una añada reflexiva e inesperada.

Tras un año especialmente controvertido en lo que al clima se refiere, la sorpresa de unos vinos admirablemente expresivos, nos confirma con más fuerza si cabe el carácter diferenciador de esta zona vitícola tan peculiar, que con su arraigada variedad mencía no de jará nunca de sorprendernos.

Van pasando los años desde nuestra primera cosecha y la variabilidad climática es ya habitual. Lo más llamativo de este 2012 quizá fueran las templadas temperaturas de invierno, que llegaron a alcanzar los 25ºC en febrero. También las escasas precipitaciones: tan sólo 578 litros en una zona en la que acostumbra llover en torno a los 800 litros.

Después de ese invierno suave y seco –apenas 53 litros de diciembre a marzo–, la viña empezó a brotar. Demasiado pronto, puesto que las heladas de principios de abril y unas lluvias no habituales en primavera –se concentraron más de 150 litros– hicieron que el desarrollo vegetativo ya naciese muy desequilibrado y que la floración se alargara un mes entero dentro de una misma cepa. Este problema lo arrastramos hasta la vendimia y fue en realidad nuestro gran inconveniente a la hora de fijar el día en que íbamos a celebrarla.

Con la llegada del verano, hallamos un insospechado aliado. Y es que el verano se presentó suave y moderadamente húmedo, registrando 40 litros en tres meses y unas temperaturas no superiores a 35ºC y nunca inferiores a 6ºC. Baste recordar que en agosto las temperaturas mínimas suelen bajar de los 0ºC en el municipio de Corullón.

La mencía es, de por sí, una variedad caprichosa en su madurez. En cuestión de un día, incluso de unas horas, puede dar un carácter radicalmente distinto a los vinos que produce. Este aspecto, ya conocido, se sumó al desequilibrio propio de la añada, haciéndonos meditar minuciosamente la fecha de cada paraje, de cada parcela. Hasta nos planteamos hacer diferentes pases de vendimia en la misma finca, lo que desestimamos debido a las más de 200 parcelas en que se reparten nuestros viñedos.

Finalmente, resultó un acierto elevar a categoría la condición heterogénea del Bierzo. A la combinación de suelos, altitudes, exposiciones y diferentes fenotipos de nuestra variedad mencía se sumó esta añada la diversidad en la maduración de los distintos racimos.

Empezamos la vendimia el día 14 de septiembre, tarde con respecto a lo que es habitual, y la empezamos en Basnadas, muy cerca del río Burbia, en una zona muy baja y soleada. Fue un ejercicio de prueba por la inseguridad de una vendimia que nos hacía dudar de la madurez real, ya que los sucesivos muestreos y pruebas a pie de viña no parecían darnos una respuesta satisfactoria.

Desde que este temprano paraje entró en la tina de fermentación, todo vino rodado: las zonas más soleadas de Corullón, San Martín y Fontelas hasta llegar a Moncerbal el día 19 de octubre, diezmado esta vez a casi la mitad de su producción por el ataque del jabalí; Las Lamas al día siguiente, consiguiendo esta vez quizás el mejor vino que esta soleada ladera nos ha dado en su admirada historia de embotellado, y La Faraona, en fin, el día 16. Tras muchas dudas, la sutileza del vino terminará por compensar la bajísima producción de nuestra viña más misteriosa…

Vinos de una clase desconocida hasta hoy, derechos y armados con una rigidez envuelta en delicados matices aromáticos y delicioso sabor. Muy ricos y realmente finos y llenos de mensaje histórico. Grandes vinos que expresan mejor que nunca la categoría que esta región guarda en su hondo saber milenario; vinos que transcienden lo físico, vinos emocionantes y llenos de energía espiritual.

¡Los vinos de mayor vitalidad y elegancia!