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Añada 2025 en Rioja por Eduardo Eguren

Cuando la naturaleza aprieta, el viñedo habla. Y quien lo trabaja, escucha.

Hay años que ponen a prueba al viñedo. Y otros que ponen a prueba a quien lo trabaja. Este, fue uno de estos últimos.

El invierno no cerró del todo y la viña comenzó el ciclo con la humedad todavía presente, como una sombra que no se había ido. Desde el inicio, la sensación era clara: no iba a ser un año fácil.

En un año normal, la viña en esta zona recibe en torno a 450 mm de lluvia. Este año superamos los 800 mm. ´

La primavera no dio tregua. Lluvias constantes, suelos saturados, humedad persistente… Cada decisión en el viñedo se volvía incierta. No había momentos claros. No había ventanas limpias. Solo dudas y la necesidad de elegir.

Y aun así, seguimos.

Entrando cuando se podía, esperando lo justo, actuando con la intuición que da la experiencia. Pero este año, incluso esa intuición se veía cuestionada.

El mildiu no llegó de golpe. Se quedó. Persistente. Volviendo una y otra vez, en momentos inesperados.

Y lo más duro llegó en silencio.

El racimo apareció cuando parecía que la batalla estaba casi ganada. En nuestra experiencia, nunca habíamos visto un ataque de mildiu larvado en envero. Y sin embargo, este año estaba ahí. Un daño que ya venía de atrás, invisible en su momento, y que se reveló cuando ya no había margen. Trabajo de meses que se desvanecía poco a poco.

En esos momentos es donde se mide de verdad una forma de trabajar.

Podríamos haber cambiado el rumbo. Buscar soluciones rápidas. Forzar decisiones.

Pero elegimos mantenernos fieles a nuestra manera de entender el viñedo. Cuidar el suelo, respetar los tiempos y aceptar que hay años en los que la naturaleza impone sus propias reglas.

La cosecha 2025 será más corta en cantidad.

Pero lo que hoy empieza a mostrarse en bodega tiene algo que no se puede forzar ni repetir: una energía profunda y vibrante, una textura precisa y conmovedora, y una verdad que nace de la lucha y del tiempo. La graduación moderada no es un objetivo, es una consecuencia. El equilibrio, una evidencia.

Este no fue un año de abundancia. Fue un año de resistencia.

Y precisamente por eso, la cosecha 2025 no será recordada por lo que faltó… sino por lo que ha conseguido ser.