Una fuerza innata en el aire puro del monte
Batidos por el viento, los caminos encuentran respuestas en las viñas altas de Yerga. El paisaje está dibujado con el trazo de la intemperie, pero también con el fulgor de la grandeza. Somos lo que la madre tierra nos da, y en estos últimos años sus dones llegan en forma de condiciones duras y uvas de una magia concentrada y poderosa.
La añada 2025 en nuestras laderas de caliza sintetiza años exigentes y frutos de rica intensidad. Lo hemos dado todo y el viñedo ha respondido con cuatro lecciones de vida y dignidad: el color profundo, la expresión impetuosa, el sabor emocionante y el placer integral. Un año para sentir y soñar.
Cinco meses de amable contención
Ya nos hemos habituado a que los eneros de nuestras tierras mediterráneas empiecen con suavidad y placidez. Como si el otoño se hubiera prolongado al corazón del invierno, las temperaturas del inicio de 2025 fueron más altas de lo normal para la época, y así siguieron casi toda la estación.
Marzo, abril y mayo se contuvieron. Pocos picos de anormalidad térmica, aunque con una sequía cada vez más marcada. En mayo nos sorprendió un ambiente fresco, con el rigor austero de unas frías noches continentales.
Un verano entre dos mundos
Todo cambió en junio: nos cuesta recordar un sexto mes tan caliente, tan comprometedor. Las viñas del valle del Ebro estaban en pleno desarrollo alegre, con sus hojas tintadas de verde ternura, cuando una implacable ola de calor se extendió por la ancha geografía del noreste ibérico.
Las temperaturas de récord, ¿asustaron a los jóvenes racimos? Por aquellas fechas aún era pronto para saberlo, pero intuíamos que la distorsión térmica iba a tener algún efecto. Sin espera, empezamos a trabajar a fondo vides y suelos para paliar los efectos de la extenuante aridez que el clima extendía sobre nuestros lugares de viña.
Los elementos vinieron a nuestra ayuda en forma de un mes de julio maravilloso: escueto, amable y de noches refrescantes. ¡Se renovó la gracia en el ritmo de crecimiento de las uvas! Recordaremos este contraste entre junio y julio, y estamos convencidos de que también las cepas guardan en su información genética el vaivén de un verano que contuvo dos mundos opuestos.
La clave de la añada
Agosto, el mes culminante del verano, empezó con una prolongada ola de calor en la que la presencia de calima protegió las uvas orientadas a poniente de un recalentamiento indeseado. Los días iban pasando y finalmente llegó lo que sería la auténtica clave de todo el ciclo: el desplome benéfico de las temperaturas nocturnas.
A partir del 21 de agosto, las noches dieron el esperado respiro a las uvas. La amplitud térmica aportó un vivificante impulso. Las pequeñas esferas oscuras ganaron así una riqueza de profundidad y matices aromáticos.
La inédita expresión del color
Durante la etapa crucial que va desde junio a la vendimia, la salud brilló en los viñedos de Yerga. El viento del noroeste fue de nuevo el aliado perfecto. Pero las favorables condiciones tuvieron su contrapartida, como si la naturaleza reclamara un pago por su benevolencia. Y este fue el escueto rendimiento de la añada.
En La Montesa pasamos de una productividad normal de 4.500 kilos a un descenso por debajo de los 4.000. ¿Quizá por haber cultivado un manto vegetal en las calles de la finca? ¿O por una labranza moderada? Sea como fuere, las vides se contuvieron, como si necesitaran un pequeño respiro tras años de calor.
Las cepas de garnacha ofrecieron muchos racimos de un tamaño pequeño. En el momento de vendimiarlos, nuestras manos recogían sus formas delicadas, agazapadas bajo la protección de las hojas, recibiendo el influjo de los cantos calcáreos. La gran riqueza se concentraba en el interior de sus uvas, de un color nunca visto.
Vinos de dimensión y belleza
Las viñas de Yerga nos han dado vinos de una magnitud enorme. Su dimensión física es otra de las impresiones del año. Pigmentados, ricos, íntegros en su esencia, con una columna de materia sólida. Y a la vez con la influencia muy perceptible de la mineralidad de los suelos carbonatados, que aportan una fluidez rutilante, llena de alegría.
El tiempo en los fudres va a modelar ese lado más brillante, pero ya percibimos que los vinos de 2025 mantendrán para la posteridad el carácter vinoso, la estructura contundente y la silueta marcada. Una armonía entre la trama solar y la sensibilidad sutil del mundo aéreo, con sus aromas sugerentes que se expresarán hasta el final como la cola en abanico de un pavo real en el despliegue del cortejo.
Son vinos de una integridad completa. Su identidad es absoluta. Su expresión es una entrega al placer sensorial. Proclaman claramente el triunfo de lo terrenal, de esa fuerza innata que nos lleva al corazón de la tierra. Y a la vez, guardan un manto de magia y una impronta de misterio que modela su culminante belleza, provocando la emoción y el más puro sentimiento.
Datos relevantes
Precipitación anual: 422 mm (Finca La Montesa), 455 mm (Quiñón de Valmira)
Temperatura media: 15,2 ºC (Finca La Montesa), 14,4 ºC (Quiñón de Valmira)
Brotación: a partir del 4 de abril de 2025
Floración: a partir del 6 de junio de 2025
Envero: a partir del 3 de agosto de 2025
Fechas de vendimia
Finca La Montesa: desde el 9 de septiembre hasta el 6 de octubre de 2025
Plácet de Valtomelloso: 12 de septiembre de 2025
Quiñón de Valdelareina: 22 de septiembre de 2025
Quiñón de Valmira: 18 y 19 de septiembre de 2025