Inicio del ciclo
Un otoño no excesivamente húmedo dio paso a un invierno relativamente lluvioso, especialmente durante el mes de febrero, acumulándose 240 l/m2. El invierno, de temperaturas suaves, pero con fuertes heladas en días puntuales de finales de enero y febrero.
Primer trimestre: brotación
El inicio de la primavera estuvo marcado por la falta de precipitaciones de la temporada y las altas temperaturas, que rondaron los 30 ºC. Las reservas de agua y las temperaturas favorables propiciaron una brotación temprana, en torno al 20 de marzo, de 10 días. Sin embargo, el 19 de abril se produjo una helada que afectó al 30% de los brotes en varias zonas. El descenso de las temperaturas durante los días siguientes ralentizó el ciclo hasta las fechas habituales.
Segundo trimestre: floración
La floración comenzó a mediados de mayo con temperaturas más suaves de lo habitual, lo que mantuvo el ciclo de la vid en valores anuales normales. Las importantes precipitaciones de la tercera semana de mayo afectaron al cuajado en las zonas más tempranas y redujeron la producción de la planta. Coincidiendo con el final del periodo de floración, se produjeron nuevas precipitaciones que también afectaron al cuajado de las bayas.

Tercer trimestre: maduración y cosecha
Los meses de julio y agosto fueron algo más suaves de lo habitual, alcanzándose los 40 ºC sólo en días puntuales. El verano fue, en general, muy seco, lo que propició un buen desarrollo vegetativo de las plantas, gracias a las reservas de agua, y un excelente estado sanitario. El envero empezó el 15 de julio, alcanzando el envero pleno el 9 de agosto en las zonas más avanzadas. A finales de agosto se produjeron precipitaciones de 40 l/m2, que contribuyeron a una correcta maduración de las bayas.
La vendimia, marcada por las precipitaciones, comenzó el 19 de septiembre para las variedades blancas y el 25 de septiembre para las tintas. Las precipitaciones de la tercera semana de septiembre y los primeros días de octubre, que dejaron 90 l/m2 en San Vicente y 140 l/m2 en Páganos, condicionaron la vendimia al ralentizar la maduración fisiológica de las bayas y provocar una elevada presión de enfermedades fúngicas. Debido a esta circunstancia, tuvimos que actuar con gran precisión para conseguir una maduración óptima de las uvas y un perfecto estado sanitario.
A pesar de las dificultades, la cosecha fue de gran calidad, pero con una baja producción, obteniéndose vinos muy aromáticos y equilibrados, con buena acidez, taninos maduros de gran calidad y elegantemente estructurados.