Las precipitaciones registradas durante los meses de primavera, del 20 de marzo al 20 de junio, representaron casi el 50% de la pluviometría anual con 235 litros/m2 repartidos en 44 días de lluvias. A ello hay que sumar una elevada humedad relativa del aire, que en algunos días llegó a alcanzar el 80,5%. Los meses estivales de julio y agosto fueron calurosos, con máximas de hasta 36,4 ºC. Estas circunstancias favorecieron el desarrollo de las enfermedades fúngicas.
Debido a las condiciones descritas, podemos definir la añada 2020 como una cosecha de fusión. La primavera fresca y lluviosa seguida de un verano cálido ha generado vinos ágiles, frescos y con energía, junto a notas de fruta madura y taninos envolventes.