COMANDOG

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Recién terminada la excelente cosecha del 2012 y aún trabajando los vinos en bodega, aparecieron las abundantes lluvias otoñales. Significaba el mejor comienzo posible para la añada 2013, empapando las tierras y recuperando su textura esponjosa. Tuvimos un invierno regular, con preciosas mañanas soleadas y lluvias espaciadas. Dos grandes nevadas a finales de enero y de febrero enmarcaron el periodo de reposo. Realizamos la poda durante el mes de marzo y terminamos el día 20 en Rumbo al Norte, todavía con algunos neveros en la viña.
Sin embargo, fue la primavera, sin lugar a dudas, la que marcó la añada. Temperaturas bajas y muchas precipitaciones. Año de trabajo duro, complicado, con más riesgo de enfermedades, en el que llegamos a tener hasta 1.200 litros de precipitación en algunos pueblos de la sierra. Agua a borbotones.
Primavera fría y ventosa. Una gran nevada cubrió todas nuestras viñas a primeros de mayo. Brotes tiernos, de verde radiante, delicados, frágiles, sobrevivían bajo un manto blanco. Tuvimos que trabajar constantemente con infusiones de valeriana para aportar calor a nuestras viñas. Ya bien entrado mayo, hubo una helada. Se perdieron algunos brotes. El frío no cesaba y las viñas sufrían. El desarrollo vegetativo era mínimo y el retraso grande. A mediados de junio, tuvimos una floración muy complicada, que apareció cuando la cepa aún no tenía suficientes hojas. Acompañada de tardes frías y rocío por las mañanas. Se redujo drásticamente el fruto obtenido perdiendo, un año más, parte de la cosecha.
Luego el viento siguió azotando y el frío permaneció hasta finales de junio. El verano comenzó bien entrado ya el mes de julio. Las cepas se recuperaban y ascendían hacia el cielo en busca de luz. En agosto hubo dos olas de calor sahariano en la mayoría del país. Nuestras garnachas estaban aún sin enverar y aguantaron bien estas temperaturas.
Con todo, la vendimia se retrasó un par de semanas y los rendimientos fueron mínimos. Una vendimia marcada por las noches frescas y ventosas lo cual nos iluminaba la cara de satisfacción. No hay mejor regalo que esas noches para poder tener acidez y vinos perfilados.
El Reventón se vendimió el 15 de septiembre. Si en 2012 fue espectacular, la mejor añada hasta ese momento, la 2013 significa el comienzo de la regularidad. Hay 1.000 litros de esta garnacha de fragancia mediterránea y alma continental.
La vendimia avanzaba pausada pero todo se complicó a finales de septiembre. Una gran tormenta dio el último giro de tuerca desafiando aún más nuestras fuerzas. La recogida se hizo más intensa, la selección aún más precisa.
A primeros de octubre, recogimos varias parcelas a 900 metros en las laderas del Cerro de los Corzos, en cuya cima se encuentra la viña de Las Umbrías. Rozas 1º Cru, en el paraje de Matallana, significa una prolongación de Las Umbrías y de su finura incorporando una mayor carga frutal. Un nuevo vino de paraje que, junto con La Bruja. Vino de Pueblo y Las Umbrías. Vino de Parcela, cierra y completa la visión del, para nosotros, pueblo más elegante de la Sierra de Gredos.
El 9 de octubre vendimiamos Las Umbrías, de la que apenas tenemos 1.000 litros con su perfil aéreo y sutil. Este año con una expresión más vertical que en otras ocasiones. Será grande.
El 14 de octubre vendimiamos Tumba del Rey Moro, la garnacha en pie franco, el granito puro, un vino al filo de lo imposible. Sólo 800 litros.
Al día siguiente, el 15 de octubre, era el turno de Cantos del Diablo que muestra este año su perfil más fino. Una barrica de 300 litros. Una joya. La cantidad nos hará sufrir pero, ¿el mejor año hasta el momento de esta parcela?
Rumbo al Norte fue el 17 de octubre. Harina de granito, piedra fluida, textura granulosa y esférica, perfil de seda. La garnacha en el límite de la vida vegetal. Apenas una barrica de 600 litros. Con el otoño llegaron también las temidas tormentas de granizo. Una de ellas terminó con nuestra viña más extrema. Este año no pudimos recoger la garnacha gris en las cumbres de Navatalgordo. No tenemos El Tamboril 2013. Tan sólo pudimos salvar unos 50 litros que estamos criando en damajuanas de cristal.
El trabajo en bodega ha sido más delicado que nunca. Añada de maceraciones muy largas y trabajo ultra gentil y suave. Es el tiempo y el respeto los que definen nuestros vinos. Después de casi cuatro meses, terminamos el 23 de diciembre prensando Rumbo al Norte con la sensación de haber sobrevivido a una gran tormenta. Excitación y cansancio.
Mientras escribo estas líneas me asalta el pensamiento de que quizá sea algo pronto para juzgar los vinos de 2013. Algunos están haciendo maloláctica, otros están en plena evolución expresiva. Sin embargo, tenemos la firme convicción de tener un tesoro en la bodega. Como reflejo de lo acontecido durante la añada, todavía es pronto para descubrir todos sus matices pero, después de comprender la evolución de los 2011, podemos decir que los vinos de 2013 van a ser grandes. Y es que, 2013 tiene cierta similitud con 2011.
En 2013, la tierra nos ha dado algo escaso pero muy valioso. Tenemos muy poca cantidad y, en algunos casos, no tenemos nada. Así es nuestro trabajo. Añada de lucha, de esfuerzo, de reinterpretación de los conceptos preestablecidos. La 2013 tiene carácter de añada tardía, de frío, de tierra, de introspección. Es un año que necesita tiempo y que guarda un sustancial tesoro de pureza, un carácter estrecho y piedra fluida. A nosotros nos gustan estas añadas.

Un año más, seguimos hechizados, seguimos hambrientos, seguimos amando lo que hacemos.

 

Descubre los vinos de Comando G y de Daniel Landi de la cosecha 2013.